EL CANTOR DE JAZZ
Por: Mara Steiner

"Un momento, un momento, aún no has escuchado nada!"

EL CANTOR DE JAZZ (1927) dirigida por Alan Crosland fue originalmente una obra teatral de Samson Raphaelson que George Jessel había interpretado en Broadway, y narra la historia de una familia judía ortodoxa, en la cual el padre, el Rabino Rabinowitz quiere que Jakie, su único hijo, continúe con la tradición familiar y se convierta en la quinta generación de rabinos.

Indefectiblemente emergen las complicaciones; Jakie se enfrenta a su padre y decide cambiar el destino que la historia le tenía asignado. Elige otro ámbito y por lo tanto otra forma de expresión para dar rienda suelta a sus aptitudes vocales: decide convertirse en un cantante de jazz. Se va de su hogar y emprende una carrera abierta al talento que lo llevará rápidamente a la cúspide de un papel protagónico en un importante teatro de Broadway. Pero Jakie no ha olvidado aún sus orígenes, sus raíces. La misma noche del estreno, que coincide con IOM KIPUR, irrumpe desesperadamente su madre en los camarines y le suplica que vuelva a casa con ella. Le explica a Jakie que su padre está muy enfermo y que su último anhelo es escuchar a su hijo cantar el KOL NIDREI esa misma noche en la sinagoga. Sin duda Jakie se enfrenta a una decisión que lo trasciende. Debe elegir entre las candilejas del escenario y un lugar entre los más destacados artistas del momento, o volver con su madre y cumplir con la tarea que su propia historia ahora le demanda y aunque sea por una vez consumar el mayor deseo de su padre. Es precisamente alrededor de esta controversia que gira el desenlace del film.

No podemos dejar de mencionar que esta película tuvo dos versiones posteriores, la primera la realizó Michael Curtiz en 1953, con Danny Thomas, y la segunda la dirigió Richard Fleischer en 1980, con Neil Diamond. Ambas se llamaron EL CANTOR DE JAZZ.

EL CANTOR DE JAZZ, sin lugar a dudas, ocupa en la historia del cine un lugar predominante. Han sido varios los factores que confluyeron a que esta película se ganara un lugar magnánimo en el devenir cinematográfico. Desde el punto de vista técnico, este film ha sido considerado como el primer film sonoro de la historia. Aunque habría que hacerle algunos ajustes a esta definición. La idea de ponerle sonido a las imágenes es tan antigua como estas. El propio Edison hacia el 1900 creó un kinetoscopio con fonógrafo cuya grabación se oía mediante auriculares y correspondía a la acción del film.

Si bien hubo muchos otros intentos posteriores de incorporar el sonido a los filmes es recién en el año 1926 cuando se da realmente un paso decisivo. Surge el sistema Vitaphone: los motores del proyector y del fonógrafo estaban regulados por un mismo generador. El film venía separado en actos de diez minutos y a cada acto correspondía un disco. La aguja se desplazaba partiendo de una señal que se hacía coincidir con la de la película. Un primitivo sistema de amplificación con altoparlante hacía llegar el sonido a la sala. Pero el riesgo de perder el sincronismo era constante debido a los continuos "saltos" de la púa. El primer largometraje concebido para ser musicalizado mediante el sistema Vitaphone fue DON JUAN (1926) de Alan Crosland, aunque finalmente fue una película básicamente muda con un acompañamiento musical sincronizado y con algunos efectos sonoros (como el entrechocar de las espadas, algunos golpes, campanas, etc).

El intento siguiente fue precisamente EL CANTOR DE JAZZ. La Warner Bros. tuvo la idea de contratar al enormemente popular Al Jolson, cuya propia vida tenía mucho en común con la del personaje central. EL CANTOR DE JAZZ tampoco fue un film totalmente hablado. Tenía intertítulos, aunque la acción muda se interrumpía en varias oportunidades cuando Jolson cantaba (TOOT TOOT TOOTSIE, BLUE SKIES, MAMMY y finalmente KOL NIDREI) o con algunas oraciones sincronizadas tales como la famosa frase que Jolson, sentado al piano e introduciendo una canción, le decía a su madre: "un momento, un momento, aún no has escuchado nada". Paralelamente se comenzó a desarrollar un sistema sonoro diferente: el Movietone. Este sistema, a diferencia del Vitaphone, contenía el sonido grabado ópticamente en la misma película. Con ligeras variantes y con mejoras técnicas, es el sistema que se utiliza hoy. El primer film entonces, completamente hablado (sistema Movietone) fue LUCES DE NUEVA YORK (1928) de Brian Foy.

Como vemos, EL CANTOR DE JAZZ fue un intento de alcanzar la sonoridad en el cine. Sin embargo, debido al éxito rotundo que tuvo ha sido caratulada como la primera película sonora de la historia. Este éxito sin lugar a dudas, se debió a la grandiosidad y popularidad de la figura de Al Jolson.

Ahora bien, podríamos hacernos otra pregunta: ¿Por qué una película de temática netamente judía, ha ocupado y ocupa aún hoy, un lugar de hito en la historia del cine? Si bien deberíamos inmiscuirnos en el terreno de la sociología del arte para tratar de respondernos, vamos a intentar una aproximación histórica tal vez un poco menos ambiciosa.
Debido a la gran cantidad de pogroms que tuvieron lugar en Rusia y en Europa del Este, literalmente millones de judíos decidieron emigrar a los Estados Unidos entre 1880 y 1924. Prácticamente un tercio de la población judía de Europa del Este emigró a los Estados Unidos, asentándose mayormente al este del país. La mayor parte de los inmigrantes eran trabajadores no calificados y fueron explotados como obreros en fábricas, talleres o en la industria pesada. La generación siguiente progresó económicamente dedicándose al comercio, pero debido a las estrictas cuotas en casi todas las universidades, sólo unos pocos judíos podían aspirar a trabajar en el campo de las ciencias, el derecho o la medicina.
La única puerta abierta a los judíos en América, además del comercio o la industria textil, era el campo de los entretenimientos. La industria cinematográfica era nueva y estaba abierta a cualquier persona que quisiera penetrar en aquella aventura. Muchos judíos comenzaron procesando y editando los films que se hacían para los nickelodeons. A medida que la industria crecía comenzaron a montar sus propios cines y a producir películas. Algunos de ellos fueron: Carl Laemmle, William Fox, Adolph Zukor, Samuel Goldwyn, los hermanos Warner, Louis Mayer, etc. Precisamente como la gran mayoría de estos primeros realizadores y productores eran judíos, les interesaba transmitir, en muchos de sus filmes, temas que tuvieran que ver con su propia identidad y por lo tanto, con su historia.

Es así que en el transcurso de los primeros años del cine silente abundaban los filmes de temática judía (LA CANCIÓN DE SALOMÓN, EL DIAMANTE PERDIDO, HIJA DE ISRAEL, entre otras). Y no es de extrañar que uno de los primeros intentos de introducir el sonido haya sido también un film que narraba la historia de una familia inmigrante judía. Y quién mejor que Al Jolson para protagonizarlo, advirtiéndoles a modo de presagio, a los espectadores de aquel entonces, que "aún no han escuchado nada".


   
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